EL CAIRO, Egipto.- La segunda ronda de las elecciones presidenciales en Egipto dio comienzo hoy en medio de altas temperaturas y de descontento popular. Unos 52 millones de egipcios con derecho a voto deben elegir entre el ex primer ministro Ahmed Shafik y el candidato de los Hermanos Musulmanes Mohammed Mursi, en un panorama difícil para el país: el Parlamento ha sido disuelto y una nueva Constitución parece lejana.
La primera jornada electoral transcurrió hoy de forma pacífica y ordenada, desatando un interés menor que en la primera vuelta celebrada el 23 y 24 de mayo. El Ejército movilizó unos 400.000 soldados para garantizar la seguridad.
Muchos egipcios expresaron en los últimos días su voluntad de no asistir a las elecciones al considerar que Shafik es un representante del antiguo régimen de Hosni Mubarak y negarse a que el país se convierta en un Estado islámico con representantes de los Hermanos Musulmanes en todos los cargos importantes.
Otros llamaron al boicot tras el anuncio del Tribunal Constitucional el jueves de disolver el Parlamento, con lo que el legislativo quedó de facto en manos de los militares, lo que fue denunciado como un golpe de Estado. Algunos "grupos revolucionarios" protestaron en los últimos días contra el Ejército y Shafik.
Pese a todo, los electores se apresuraron a depositar su voto a primeras horas de la mañana, antes de que las temperaturas subieran por encima de los 40 grados. Los comicios concluirán en la noche del domingo y los primeros resultados se esperan para la noche del lunes.
Mursi votó en su ciudad natal Sagasig, en el delta del Nilo, al norte de la capital. "Si dios lo quiere, les guiaré en un nuevo Egipto", dijo ante las cámaras de televisión.
Shafik votó pero evitó declaraciones públicas. Las fuerzas de la seguridad lo acompañaron y cerraron el local en el que acudió a votar y después se fue por la puerta de atrás, informaron medios egipcios. Quizá para evitar un episodio similar al de la primera vuelta, cuando le lanzaron zapatos cuando fue a votar.
El muftí de Egipto, Ali Gomaa, instó a sus compatriotas a aceptar el resultado de las elecciones presidenciales. Según informó el portal "youm7", Gomaa hizo cola como cualquier otro ciudadano más para depositar su voto en un suburbio de El Cairo.
Sin embargo, por respeto ante su cargo otros electores se echaron a un lado para cederle su puesto. Horas antes de la apertura de los locales, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, llamó a una votación pacífica. Antes de los comicios, los Hermanos Musulmanes amenazaron con una nueva "revolución" en el caso de que se produzca un "fraude electoral". Estaba previsto que las elecciones cerraran la transición a un régimen democrático y civil, después de las protestas populares que forzaron la dimisión del ex presidente Hosni Mubarak en febrero de 2011.
Pero el jueves, el Tribunal Constitucional disolvió inesperadamente el Parlamento, elegido apenas hace cuatro meses, donde los partidos islámicos tenían más de dos tercios de los escaños. El legislativo ha quedado de facto en manos del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que controla el país desde la caída del régimen de Mubarak en febrero de 2011, lo que ha llevado a muchos a hablar de un golpe de Estado suave.
Y es que sin Constitución y Parlamento, tras las elecciones el Consejo es la única fuerza para decidir sobre las cuestiones importantes. La decisión de los jueces cuestiona la agenda política del país, que prevé que el consejo militar renuncie a finales de junio y entregue el poder a representantes del pueblo elegidos en las urnas. (DPA)